Testimonio: Neuroma de Morton, una patología frecuente, dolorosa e incapacitante

Mi testimonio del tratamiento del neuroma de Morton con el Dr. Iborra.

Desde hace muchos años tenía problemas en el pie izquierdo. Al principio eran molestias que achacaba a llevar tacones, o a la horma de algún tipo de calzado.

Artículo verificado por el podólogo Dr. Iborra.
🕰️Tiempo de lectura: 3 minutos

Poco a poco, las molestias se fueron intensificando, llegando a tener calambres y adormecimiento.

Me quitaba el zapato, me masajeaba el pie… y no había otra que seguir.

Lo curioso es que empecé a darme cuenta de que lo que mejor llevaba eran los tacones.

En cambio, llevar unas zapatillas de deporte más de una hora era una proeza extraordinaria.

Tuve que aparcar las botas de lluvia (solo me daban un rango de media hora con ellas. Inviable probar todo tipo de zapatillas. El tema del pie no solo me condicionaba, sino que me limitaba diariamente.

Me gusta esquiar. No soy nada buena…, pero lo disfruto mucho, y el dolor en el pie empezaba a quitármelo. El mejor momento era cuando tras cada bajada me podía quitar la bota y liberar el pie. No podía seguir así.

Sabía desde hacía tiempo que tenía un neuroma de Morton, pero también tengo dos hijas pequeñas y ningún familiar cercano que nos pudiera ayudar si me sometía a la operación tradicional. Así que fui posponiendo el tema, probando plantillas… hasta que mi marido encontró al doctor Iborra.

Dos semanas después tuve mi primera consulta.

La amabilidad, cercanía y profesionalidad quedaron patentes desde el minuto uno.

Tenía un neuroma de Morton en cada pie, pero el derecho no me molestaba (o había quedado ahogado con el dolor del izquierdo).

Dada las características que presentaba era susceptible de tratarse con una intervención mínimamente invasiva, con una cirugía ecoguiada, aunque me planteó las posibles complicaciones a la vez que las distintas opciones de tratamiento. La apuesta por la técnica que me proponía merecía la pena.

Sabiendo que no vivía en Madrid, el doctor Iborra movilizó al personal necesario para podérmelo hacer ese mismo día… y no perder mi autobús de vuelta. Efectivamente salí de la consulta por mi propio pie.

Un par de semanas cojeando, el dolor de la intervención desapareciendo poco a poco… y expectantes para ver resultados.

Hacía deporte, me miraba la zapatilla, y sabía que podía dejármela cuanto quisiera.

Volví a salir a pasear bajo la lluvia con mis botas.

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Y llegué hace poco de unas vacaciones en la nieve con mi familia en que solo me quitaba las botas al final de un día intensivo de 9 de la mañana a 5 de la tarde (sigo esquiando mal, ahí no hay sorpresas).

Muchísimas gracias, doctor, y por supuesto también a todo el equipo de la clínica.

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