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TESTIMONIO TÚNEL TARSIANO | PEDRO, ESPECIALISTA EN MEDICINA INTENSIVA, DIABÉTICO

Autor : Pedro Médico especialista en Medicina Intensiva

 

Mi nombre es Pedro y soy Médico especialista en Medicina Intensiva, he trabajado durante 40 años en distintas unidades de Cuidados Intensivos. Hace unos 16 años me fue diagnosticada una diabetes Melitus tipo 2. Siempre he practicado deporte con asiduidad, particularmente ciclismo de carretera y carrera a pie, con una frecuencia de unos 4-5 días semanales.

Hace aproximadamente 9 meses me desperté durante la noche con adormecimiento de  mi pie derecho y con sensación de hormigueos y entumecimiento. Inicialmente lo achaqué a una mala postura durante el sueño por lo que procedí a masajear dicho pié, sintiendo algo de alivio, pensando que con la deambulación desaparecería. Antes había tenido algo de hormigueos en los dedos de ambos pies cuando llevaba una hora corriendo, pero no le di mayor importancia achacándolo a los efectos del golpeo del pie sobre el suelo al correr.

En los días siguientes la sintomatología no solo no mejoró sino que fue a más llegando a ser ciertamente molesta apareciendo además calambres a modo de descargas eléctricas que eran ciertamente muy dolorosas e invalidantes, por lo que dejé de practicar mis deportes favoritos y comencé a no poder caminar. Sentía dolores y los citados calambres cada vez eran mayores, llegando a producirme incluso sensación nauseosa. Durante la noche los síntomas se exacerbaban, impidiendo conciliar el sueño en periodos de la noche. Pensé en la posibilidad de tener una compresión del nervio Tibial Posterior conocida como síndrome del túnel tarsiano y me diseñé un plan diagnóstico. Me sometí a distintas pruebas radiológicas, para intentar llegar a un diagnóstico, y descartar diferentes afecciones. Así me hice Rx simple de pié, Resonancia magnética nuclear y Ecografía. Apareció un pequeño fibroma en el pié derecho y pensando que podría ser el causante de los dolores que presentaba al caminar comencé a buscar información en diferentes foros médicos, ya que era algo apenas conocido por mí. Mientras tanto ya no salía de casa prácticamente y andaba solo trayectos cortos de unos 100-200 metros con dolor.

Encontré una información que me hablaba de una Clínica Especializada en patología del pié por lo que me decidí a una última consulta. Viaje a Madrid y allí me visitó el Dr. Álvaro Iborra, quien tras escuchar pacientemente el relato de mi enfermedad, y tras exploración clínica buscando algunos signos que yo ya me había autoexplorado, me comunicó que él pensaba que existía un síndrome del túnel tarsiano y que el fibroma no era responsable de los síntomas que yo le describía. Me explicó el procedimiento de cirugía ultramínimamente invasiva que él practicaba y decidí someterme a la intervención que me proponía. Habida cuenta de que al ser diabético la intervención en los pies, me producía mucho respeto, al conocer las nefastas consecuencias que pueden tener las intervenciones cruentas en el pie diabético, el procedimiento me pareció especialmente adecuado en mi caso, por lo poco invasivo, con lo cual no había que exponerse a las posibles complicaciones como infección y retraso en la cicatrización, tan frecuentes en quienes padecen Diabetes.

A principios de Febrero de 2017, fui intervenido  y tras una hora aproximadamente salí caminando por mi propio pié ayudándome con una muleta de apoyo. Desde entonces la evolución ha sido muy satisfactoria: los “calambres” desaparecieron casi desde el principio y comencé a moverme de forma lenta cada vez  con menos sintomatología. Las dos pequeñas incisiones en mi tobillo no han dejado huella y actualmente camino con normalidad habiendo retomado los paseos por mi ciudad y he vuelto a practicar algo de bicicleta y natación. 

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Fotografía 2 semanas tras la cirugía ultramínimamente invasiva del Túnel del Tarso

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Fotografía 6 meses tras la cirugía ultramínimamente invasiva del Túnel del Tarso

Como consecuencia de la decisión que tomé de ser intervenido por el Dr. Álvaro Iborra y su compañero Dr. Manuel Villanueva, me encuentro haciendo mi vida normal y pudiendo conciliar el sueño de forma adecuada. Espero que en los próximos meses las pequeñas molestias que aún aparecen en forma de hormigueos mínimos en las puntas de los dedos acaben por desaparecer. Por todo ello mi agradecimiento al Dr. Álvaro Iborra y al resto del equipo que intervino en mi proceso.